Ritmo y fuego vivo para un grupo que ahora vuelve a demostrar que el blues-rock debe concebirse a estas alturas de la película como una máquina siempre en movimiento, intentando ajustarse a los tiempos. En estos tiempos de polarización y vértigo, donde todo se mueve a velocidad diabólica y se consume con gula, se agradece que lo frenético se ajuste a algo como Guadalupe Plata. Si la locura marca el día a día, o al menos eso parece, qué mejor que llevarla al prisma de este tren fuera de vías que representa esta banda.