¿Qué sensaciones os invaden al volver a una sala, después de conquistar tantos grandes recintos?
Sentimos muchas ilusión, nos invaden muchos recuerdos. Aunque hace muchos años que no tocamos aquí en El Sol, si que venimos mogollón a ver conciertos. Y nos ocurre, cada vez que estamos aquí o en otra sala de Madrid como público, que nos morimos de ganas de subirnos a tocar. Así que sobre todo eso, mucha ilusión de podernos subir hoy al escenario y recordar viejos tiempos.
Tenía vuestro primer disco (Sidecars, 2008) por casa, así que lo he traído para que me digáis, teniéndolo aquí delante: ¿qué creéis que pensarían de vosotros esos muchachos de la portada?
Con este disco cumplimos uno de nuestros primeros sueños, que era, precisamente, llenar la sala El Sol, allá por 2008 o 2009. Para empezar «los pringadetes» que aparecen aquí en la portada alucinarían de todo lo que hemos hecho y vivido en estos años. Pero sobre todo fliparían con nuestro mayor logro que es seguir juntos después de tantos años. Las carreras largas van mucho de insistir, pero también de aguantar los envites que se te van presentando. Les parecería guay vernos juntos en 2026. Hubiera sido un alivio que alguien nos hubiera asegurado en aquel entonces que casi 20 años después íbamos a estar juntos y bien.
¿Cómo reivindicarías, de cara a las bandas que están empezando, la función que hacen las salas en el desarrollo artístico de cualquier proyecto?
Les diríamos que no se lo pierdan. Que si llegan a pegar el pelotazo a través de alguna otra plataforma, no dejen de lado esta experiencia. Las salas son la carrera de la música, del rock, de aprender, de encontrarte. Si no pasas por las salas, es como si vas al Everest y te suben a caballito hasta la cima. Es como leerte un libro de 100 capítulos y saltarte los 25 primeros. Igual llegas al final y dices, «me ha gustado, pero igual hay cosas de las que no me he enterado». Además, es donde aprendes a solventar los marrones que pueden surgir sobre un escenario.
Recordamos mucho el saltar del Costello a El Sol, o de El Sol a But, o de But a La Riviera, como saltos abismales en nuestra carrera. Son momentos muy importantes en nuestra vida, ir a una sala más grande y verla llena, o ir y que esté medio llena, y poco a poco ir metiendo cada vez más gente. En las salas se aprende verdaderamente lo que cuesta vender cada entrada, que una persona en su casa gaste su dinero para ir a verte, y se desplace, y convenza a sus amigos…Todo eso es muy difícil y no hay que darlo por hecho.