¿Cómo empezaste a trabajar en el entorno de las salas y qué te apetece especialmente atractivo de su ambiente?
Empecé casi por casualidad, pero me enganché desde el primer día. Siempre he sido muy melómana y, de repente, me encontré en un entorno donde la música era la auténtica protagonista. Lo que más me atrapó fue la cercanía. En una sala no hay filtros ni pantallas gigantes que te separen de lo que está pasando. Cada noche es distinta, imprevisible. Es un espacio profundamente humano, y eso es lo que lo hace tan especial.
¿Qué es lo que más valoras de la experiencia que has acumulado en este tiempo trabajando en el Intruso?
Lo que más valoro de mi experiencia en el Intruso es ver todo el trabajo humano que hay detrás de cada noche. Aprendes a entender que nada es improvisado, que todo ocurre porque hay muchas personas implicadas, coordinándose y cuidando lo que pasa en la sala. Esa parte invisible, tan humana y tan de equipo, es lo que más me ha enseñado y lo que más valoro.
Como mujer que conoce el día a día de una sala de conciertos, ¿qué importancia le das a iniciativas como Mujeres en Vivo?
Me parecen fundamentales. Aunque se ha avanzado, el sector de la música en vivo todavía tiene inercias muy masculinizadas, sobre todo en ciertas áreas técnicas y de dirección. Iniciativas como Mujeres en Vivo generan referentes y redes. Cuando una mujer ve a otra sobre el escenario, en producción o liderando un proyecto, entiende que ese espacio también le pertenece.
¿Qué consideras que hace especial al Intruso como sala de conciertos?
Sin duda su personalidad. Tiene carácter, historia y una identidad muy clara. La programación es muy cuidada y apuesta por propuestas variadas, muchas veces arriesgadas, que no siempre tienen cabida en espacios más grandes. Creo que eso es precisamente lo que nos diferencia y lo que conecta con el público. Venir al Intruso es saber que vas a descubrir algo auténtico, cercano y con criterio propio.
¿Hay alguna actuación que guardes en la memoria de manera especial? De los que has vivido en el Intruso.
Es difícil elegir solo una. Recuerdo descubrir grupos que no conocía y salir pensando “¿cómo no los había escuchado antes?”, disfrutar de artistas internacionales a pocos metros, vivir primeras veces muy especiales o ver el escenario lleno, hasta con 18 músicos tocando. Ha habido muchas noches increíbles en el Intruso. Conciertos que empezaban siendo uno más y acababan siendo inolvidables. Y creo que esa es la suerte de trabajar en una sala así, que la magia puede aparecer cualquier noche.
Desde que trabajas en el sector de la música en vivo, ¿sientes que se ha avanzado hacia la igualdad entre hombres y mujeres en el sector?
Sí, creo que se ha avanzado, sobre todo en la conversación y en la conciencia colectiva. Ahora hay más debate, más datos y más exigencia de equilibrio en carteles y equipos. Aún queda camino por recorrer, pero lo positivo es que ya no es un tema invisible, y eso es un gran paso.
¿Qué conciertos de Mujeres en Vivo 2026 recomendarías al público?
En el caso de nuestra sala, recomendaría especialmente el concierto de Celia Carballo, por su estilo único que mezcla jazz, soul y otras influencias, ideal para quienes quieran disfrutar de una propuesta intensa y emocional. Y fuera de nuestra sala, uno de los conciertos que más me apetece disfrutar es el de Ala.Ni en Babylon, una de las voces más genuinas del panorama soul internacional dentro del ciclo, que seguro ofrece una experiencia memorable.
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