Ya desde su primer disco, editado hace diez años, Alani nos dejó muy claro que ella era un verso suelto, un electrón libre, una artista contracorriente. Hay quien rápidamente utilizó la palabra vintage para definirla. Y aunque sí, efectivamente, hay un evidente elemento retro en su música, el adjetivo que mejor la define realmente es intemporal. Ajena a las modas, Alani va a lo suyo y, sencillamente, hace lo que quiere. Nacida en Londres, Alani Charal enfocó muy pronto su vida al mundo del espectáculo y de la música. No en vano, su abuelo Leslie Hutchinson era una estrella del music-hall. Y no hay duda de que marcó la vida de Alani. Para comprobarlo, no hay más que ver la portada de su nuevo disco, “Sunshine Music”, en la que se muestra como una nueva Josephine Baker.
Tras ejercer de corista para Blur o Mary J. Blige, editó dos álbumes, “You & I” (2015) y “ACCA” (2019), en los que dejó buenas muestras de su portentosa calidad vocal. Y llegó la pandemia, y Alani decidió refugiarse y volver a sus raíces caribeñas. Lo que iba a ser un breve tiempo para detenerse y descansar se convirtió en dos años de estancia, primero en Granada (la isla de sus ancestros) y después, sobre todo, en Jamaica. Algo que, sin duda, ha marcado su nuevo disco de forma indeleble.
Con las pilas cargadas tras ese periodo de reflexión y disfrute, Alani regresó a París –donde tiene fijada su residencia habitual– y allí, con la ayuda del guitarrista Marvin Dolly y el violonchelista y productor Clément Petit, gestó las canciones de este tercer luminoso disco, “Sunshine Music”, cuyo título es lo suficientemente elocuente. Sí, porque en él la londinense le canta al amor, a la naturaleza y al placer de vivir. Y lo hace con esa voz tan personal, que desborda sencillez y emoción, pero sin dramas, de forma pausada y tranquila. Porque a la velocidad de la vorágine de la vida actual, ella opone el sosiego de una vida sin prisas.