No son solo una banda; son un fenómeno cultural. Los trovadores nómadas de Caribefunk han esculpido a fuego un mantra simple pero poderoso: su disquera es la gente. Y vaya si la gente ha respondido. Con cuatro álbumes que son auténticos pasaportes de alegría, han plantado su bandera de Caribefunk —esa mezcla explosiva de ritmos afrocaribeños con poesía que te remueve por dentro— en más de 200 ciudades del planeta. Su sonido es un hechizo. Llega sin pedir permiso, te toma por la cintura y, aunque te resistas, terminas bailando. Es la vibra positiva hecha música. Su nominación al Latin Grammy 2020 en la categoría de Mejor Álbum de Fusión Tropical no fue más que el reconocimiento formal de una revolución que ya miles de fanáticos en el mundo habían firmado con sus pies, sudor y sonrisas en cada concierto.
