Empecemos por lo que nos ocupa: el próximo viernes 3 de julio ofrecerás en el Café La Palma un concierto muy especial en el que presentarás tu nuevo trabajo aún inédito, dentro del ciclo MADRID EN VIVO 25 Años y de la mano del proyecto Nuevos Territorios de Fundación SGAE. ¿Cómo afrontas este concierto y qué puede esperar el público de un directo tan especial?
Este es un concierto muy especial por muchas cosas. Por lo que implica el hecho de amadrinar en este ciclo a dos artistas que actuarán antes que yo, que son Popo Gabarre y R.U.T., con sus proyectos personales. Eso me hacía ya mucha ilusión porque son dos artistas que admiro profundamente y me apetecía mucho compartir con ellos. Y luego, porque por primera vez presento un disco que es totalmente inédito, y nunca lo he hecho así. Siempre ha salido primero el primer single, el segundo, el tercero…un poco con los tiempos tradicionales que estamos acostumbrados en la industria musical. Y en este caso he decidido que no sea así y me parecía una oportunidad perfecta, en el Café de la Palma, con este ciclo del 25 aniversario de Madrid en Vivo, con R.U.T. y Popo…es un disco que he hecho con mucho cariño, y me apetecía protegerlo y cuidarlo, y estrenarlo de esta manera.
Como comentabas, gracias al programa Nuevos Territorios de Fundación SGAE, abrirán el concierto R.U.T. y Popo Gabarre ¿Qué significa para ti el poder visibilizar a otros artistas y por qué tuviste claro desde el principio que debían ser ellos?
Me parece que tengo una oportunidad maravillosa de poder ayudar y dar visibilidad a compañeros que admiro, con un talentazo increíble, que están luchando para sacar sus propuestas adelante, y en un mundo como en el que vivimos, es cada vez más imposible. Me pongo en su piel, en su lugar, y si yo ya lo tengo difícil, imagino cómo lo pasan otras personas que están intentando sacar de manera autónoma, independiente, sus propuestas adelante, sin el apoyo de grandes multinacionales. Entonces cuando me llamen para poder hacer todo este tipo de eventos, ahí estaré, la primera, porque me pongo en su lugar como compañera y luego por la admiración que siento por artistas como ellos. R.U.T. es una voz que creo que tiene mucho que compartir con el mundo, y Popo es un artistazo de los pies a la cabeza que rapea, que escribe, que baila, uno de los mejores percusionistas de este país; entonces decidí que tenían que ser ellos.
En la nota de prensa de tu nuevo trabajo hablas del álbum como «una muestra de agradecimiento al milagro de estar viva». ¿Hubo algún momento concreto que te llevó a escribir desde ese lugar de gratitud y contemplación?
Ha habido varios. Varios clics. En un principio por empezar la situación social que creo que nos encontramos todas, todos, que es bastante convulsa. Y es un momento en el que es muy difícil pararse a contemplar las pequeñas cosas, respetar el derecho que todos tenemos a las cosas bellas de la vida. Estamos como muy sometidos a la dictadura de la prisa, de lo instantáneo, del capitalismo, y todo esto repercute en la vida de uno. Entonces, es como más una reivindicación del derecho a las cosas bellas que el ser humano tiene y que, por seguir la inercia que nos domina hoy, nos vemos a veces privados de ese derecho. Empecemos por el milagro de estar vivos, que es un milagro la vida y el levantarse cada mañana. Luego es como una cadena, vas tirando y yo me refugio muchísimo en la literatura, en la música, en el arte. En concreto, la literatura tiene un poder muy amplio sobre mí, y este disco es un poco también homenaje a ese acto de leer y a lo que ello te, te brinda y te aporta.
También comentabas que estas canciones dibujan a la mujer en la que te has ido convirtiendo. ¿En lo artístico, desde la posición de la Soleá del presente, cómo ves tú a la Soleá del pasado?
Como una mujer que se dedica al arte por una pura necesidad vital, existencial, que no tiene nada que ver con la ambición del éxito, del ganar dinero, del conquistar un lugar sino más de esa necesidad de entender qué haces en la vida, qué puedes aportar. Y eso sigue estando muy presente en mí y cada vez con más fuerza. Eso no se ha perdido. Me dedico al arte porque es algo que he vivido desde pequeña en casa, y lo lo tengo como algo muy interiorizado, muy naturalizado y también por una necesidad de entender un duelo muy potente como es la ausencia de mi padre. Desde ahí me dedico al arte, a hacer canciones.
¿La muerte de tu padre fue el punto de inflexión para ti a la hora de dar el paso de mostrarte tú como artista, de mostrar tu arte?
Sí, creo que el arte tiene una fuerza terapéutica muy grande, entonces me refugié en el arte para poder entender un poco lo que me estaba pasando. Este disco también me ayuda a enfocar un poco mi carrera desde otro lugar diferente. Será un duelo eterno porque me acuerdo y necesito a mi padre cada día de mi vida. Pero sí que este disco aparece en un momento de mi vida en el que quiero reconducir y explorar otros momentos y otros lugares. En donde prestar más atención ya no solo a la ausencia y a la pena, sino también a reconvertir todo eso en mi propia esencia. En este disco por ejemplo no hay nada de flamenco, no hay nada de guitarra flamenca, no están las colaboraciones que normalmente hay en todos mis proyectos con mis hermanos. Y no es porque lo haya hecho intencionado, sino porque ha sido así y parece que me encuentro por fin a mí misma, en un proceso de maduración y de soledad que hasta ahora no había podido experimentar.
Y precisamente hablando un poco de quién si te acompaña en este nuevo disco, decías que han tenido un papel fundamental Manuel Cabezalí, Nieves Lázaro, y Víctor Cabezuelo. ¿Qué han aportado ellos desde el lugar de la producción y de la instrumentación a unas canciones tan personales?
Son tres compañeros que admiro profundamente. Había trabajado ya con Manuel y Nieves en Aurora y Enrique (2021). De hecho, cuando me di cuenta de que tenía otro disco, busqué a Manuel porque quería volver a esa esencia de Aurora y Enrique, que es el disco que dediqué a la historia de amor de mis padres. Y me gustó mucho aquella producción que Manuel respetaba al cien por cien las canciones que yo le llevaba, la emoción de las canciones. Entonces, él me dijo que tenía un equipo con Víctor Cabezuelo, que se llama El Mono de Dos Cabezas, que hacen a veces producciones juntos y me dijo «¿Te parece que esté Víctor en esta ocasión?» y dije, claro que sí. Amo a Rufus T. Firefly y le les admiro muchísimo. Nieves Lázaro también está en la producción y ha sido un viaje en el que me he sentido muy cómoda, en el que me he sentido muy respetada. Había canciones que yo no era capaz de terminar del todo y ellos pues ante una posibilidad de descarte, decían «venga, no, vamos a luchar por esta canción». Han aportado su sello, su visión, que es riquísima, y todos coincidíamos en el hecho de respetar la emoción tal cual nació, respetar mucho la esencia primitiva de la canción.
Y en ese constante mutar tuyo en casi todos tus trabajos, ¿sientes cierto vértigo a la hora de enfrentarte sobre todo al lanzamiento o confías en tu impulso creativo ciegamente?
Es una mezcla de dos cosas, por una parte es ese vértigo, de hecho yo quería que el título estuviese muy relacionado con la palabra «vértigo», quería que se llamase Vértigos del Alma. Pero no lo tengo claro, al final creo que voy a optar por otra opción. Entonces sí que está ese vértigo siempre y creo que es incluso bonito porque es la muestra de respeto al oficio y a la profesión, y la ilusión que se conserva como el primer día. Y por otra parte, será mi sexto disco y sí tengo un poco más de confianza, de seguridad. Cincuenta por ciento de confianza en el impulso creativo y otro cincuenta de vértigo.
Quizá mucha gente te descubrió como artista con Los Evangelistas, y a lo mejor para ti también fue como tu propio «Nuevos Territorios», ¿no? Con el apadrinamiento de este proyecto formado por músicos de Lagartija Nick y de Los Planetas.
Sí, por supuesto. Fue mi «Nuevos Territorios». Aquella participación con Los Evangelistas llegó en un momento muy complicado, acababa de fallecer mi padre, yo me había quedado con unas maquetas que no sabía muy bien lo que hacer… estos momentos de crisis absoluta. Pero fue fundamental este encuentro con Los Evangelistas. Ahí aprendí cosas que me acompañaron ya para siempre y estaré siempre agradecida a esa etapa de mi vida.
Retomando tu nuevo trabajo, enumerabas un sinfín de influencias de geografías musicales muy diversas: desde tu padre, Lole y Manuel, la Marelu, Franco Battiato, David Bazan.. ¿cómo dialoga esa esencia del cante, de la parte flamenca y la vanguardia pop a la hora de materializarlo en canciones? ¿Tienes normalmente una idea como muy definida de cómo quieres que conjuguen o surge de manera natural?
Surge de manera natural y parece ser que es ya como un patrón que tengo bastante interiorizado y me vuelve a ocurrir otra vez igual. Con Aurora y Enrique también, y con otros proyectos anteriores me enganché mogollón a la discografía de David Bazan y hay algo en sus canciones que me estremece, que me emociona, me transmite una esa sensación de vulnerabilidad, de sensibilidad exquisita. Es como la excelencia de la sensibilidad, ese menos es más. No es necesario un gran virtuosismo, una letra elevada poéticamente hablando. Pero hay algo ahí que conecto y me emociona, me siento identificada y digo «así me gustaría componer a mí». Y luego a lo mejor estoy escuchando a Lole Montoya y la manera de escribir de Manuel Molina me atraviesa. Que también me ocurre lo mismo en el discurso, tanto musical, como literario, de mi padre. Lo que les une es la no pretensión de emocionar y precisamente por eso emocionan. A mí me, me traspasa, me alivian, me hacen encontrar un sentido. Y esto combina de una manera muy natural y bastante intuitiva en mi interior ahora, a la hora de escribir, y en este disco vuelve vuelve a suceder. Las estrofas son como muy pop y en los estribillos aparecen referencias a cantes, pero que están convertidos en canciones.
Este concierto en el Café La Palma además, además de ser una carta de presentación de tu próximo álbum, también celebramos el 25 aniversario de Madrid en Vivo, y como creadora tan vinculada a la escena madrileña, ¿qué valor le das a salas como el Café de la Palma y como tantas salas esenciales de nuestra escena?
Tienen todo el valor del mundo, tenemos que cuidar a las salas y protegerlas porque es el espacio donde hacemos música, donde los artistas nos podemos expresar y, como el Café de la Palma que es un lugar histórico, por donde han pasado tantos artistas. Más que nunca hay que defender y proteger estos espacios de expresión porque son la memoria, y si no conservamos la memoria, no sabemos hacia dónde vamos. Me parece una iniciativa maravillosa, súper bonita, emocionante y los artistas tenemos que unirnos para seguir protegiendo este tipo de espacios. Lugares para la música, para la lectura, para el encuentro entre entre los seres humanos.
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