Estáis presentando vuestro octavo álbum, Todas Las Cosas Buenas (2025), y, una vez más, encontramos una nueva sonoridad, un nuevo prisma musical. ¿No repetiros es una de vuestras prioridades a la hora de encarar un nuevo trabajo?
No sé si es una de nuestras prioridades, pero si que nos aburrimos enseguida de nosotros mismos. Siempre queremos que el siguiente disco sea diferente para mantenernos vivos, nos emocione, e incluso tenga un punto de estar incómodos tocando, al ser todo nuevo. Son mecanismos que nos ayudan para crecer musicalmente. Luego en directo, también acomodamos las canciones de álbumes anteriores al formato y los instrumentos del último disco.
¿Cómo decidís hacía dónde apunta la estética musical y la producción de cada trabajo? Lo determinan las propias canciones, vuestras influencias de ese momento, lo va encaminando el proceso de grabación…
Es una especie de feeling que te va guiando. Sobre todo sabes las cosas que no quieres repetir. Y siempre hay una influencia determinante, muchas veces viene por los baterías que influyen a Julia, porque la batería es el 80% del sonido de un disco. También, por ejemplo, en El Largo Mañana (2021) estuvo muy presente la influencia de Marvin Gaye.
Os encontráis inmersos en plena gira, y el sábado 11 abril jugaréis en la que ya se ha convertido en vuestra casa madrileña, en La Riviera. ¿Cómo afrontáis un concierto de esta envergadura? ¿Lo sentís de una manera especial?
Es especial por ser en casa y por ser en La Riviera, que es una sala a la que tenemos mucho cariño. Creo que dos de nuestros tres mejores conciertos han sido en La Riviera: el de fin de gira de Loto y el fin de gira de El Largo Mañana. Así que nos apetece mucho volver a tocar aquí. Por el tipo de público que tenemos, es un recinto que cumple todos los requerimientos para que toquemos, quedan muy pocas entradas, y va a ser un día muy bonito muy especial.
Para Madrid en Vivo siempre es un orgullo ver cómo bandas como Rufus T. Firefly evolucionan, calan en el público progresivamente y pasan de tocar en salas para menos de cien personas, a tocar delante de cientos, y ahora delante de miles. ¿Qué papel han jugado las salas de conciertos en vuestra evolución?
De hecho, recuerdo que cuando tocaba en una banda que se llamaba Inlogic, desde La Noche en Vivo, nos distéis un Premio Guille. Asi que sí, es muy bonito ir sumando público. Incluso en esta gira, continuamos creciendo. Y las salas son los cimientos de todo, la base de nuestra carrera. Vamos en contra de la tendencia, y solo tocamos en un par de festivales, y el resto de la gira es completamente en salas. De pequeños íbamos a Siroco a ver conciertos y era un sueño, nuestro anhelo era tocar en salas.
La pena es que el circuito está un poco dañado. Cuesta encontrar salas por toda España, donde puedas hacer conciertos en las condiciones adecuadas. Hay que entender que estamos en el mismo barco, y por eso valoramos las salas que aman la música y se dedican a ello de una manera increíble. Pero es complicado, todavía a Rufus nos cuesta hacer una gira de salas a nivel nacional que sea rentable, sostenible y sin sorpresas de última hora respecto a las condiciones.
Vuestro crecimiento quizá sea de los más orgánicos y paulatinos de la escena. ¿Cómo lo han vivido los Víctor y Julia en su dualidad diaria de personas y músicos?
Hemos tenido mucha suerte. Nuestra vida nos ha permitido poder seguir tocando. Es difícil, pero sentimos que tenemos muchas cosas que decir a nivel artístico y musical. Ahora es nuestro mayor momento de esplendor musical. Nos sentimos muy seguros tocando y haciendo lo que estamos haciendo. Eso es lo que nos ha permitido continuar. La gran motivación ha sido que cada vez venía un poco más de gente a vernos, y es lo que nos ha dado la energía para continuar.
El año pasado perdimos a una banda hermana vuestra que también ha picado piedra durante años, Havalina, y vosotros cumplís el próximo año 20 años como grupo. Ahora habéis logrado estableceros como una banda reconocida y venerada, pero aparte de llegar, ¿cuán difícil es mantenerse?
Las giras son muy cansadas y tienes que compaginar tu vida profesional con tu vida personal. Tienes que tener la suerte de contar con una pareja o una familia que comprenda ese tipo de vida. Y además, no solo los músicos se hacen mayores, también tu público.
Hablando de recorrido, ¿por qué vuestro primer álbum My Synthetic Heart (2008) no aparece en Spotify?
Hay una cosa de nuestro primer disco que nos da mucho reparo, que es que está cantado en inglés, y no teníamos mucha idea de inglés realmente. El inglés es más complaciente, y los grupos que nos gustaban cantaban en inglés, pero estábamos aprendiendo. Es un disco que tiene cosas muy bonitas, pero no suena muy bien, no teníamos productor y no había nadie que lo encaminara. Así que queda más como algo anecdótico.
Dentro de esta gira, también estáis haciendo unos conciertos muy especiales en los que el público recibe la mezcla de lo que tocáis en directo a través de auriculares. Es decir, es una experiencia cien por cien auditiva. ¿Qué sensaciones experimentáis más en este tipo de directos, y cuáles son más patentes en un concierto al uso como el de La Riviera?
Son conciertos completamente distintos. Con los auriculares, el público vive los conciertos hacia dentro, como si estuvieran escuchando el disco en su habitación. En La Riviera es una experiencia más comunal, con la gente cantando las canciones. Es más difícil tocar con los cascos, porque la gente escucha cada fallo, es como escuchar directamente el disco en directo, sin lugar para distracciones. El otro día en el concierto de Radiohead lo pensaba, que ojalá poder escuchar ese directo con la pureza del sonido que ofrecen los cascos. Si algún día tocamos en un pabellón de ese tamaño, lo haremos.
En una de las joyas del disco, “Premios de la Música Independiente”, cantas, “Todo el mundo que quiero está perdiendo la cabeza”, generacionalmente, en términos socioeconómicos ¿estamos contra las cuerdas y hay menos respuesta social, menos levantamiento y más conformismo que nunca? Como dice la canción, quizá se deba a ese “todos contra todos” al que se nos invita continuamente desde medios, redes y grupos políticos.
En los últimos años se nota mucha desesperación intergeneracional en nuestro entorno. Es algo que está pasando en nuestro ritmo de vida. Hay muchas trampas en la comunicación, cosas que no están volviendo locos. Es muy difícil mantener una salud mental sana y mantener la empatía. Esta canción es un grito desesperado que habla de que lo único que queremos es cantar y hacer cosas bonitas, sin ver sufrir a nadie a nuestro alrededor.
Acabáis de publicar el tema “He soñado que tocaba en Triángulo de Amor Bizarro” y la colaboración con los propios TAB en “Estrella solitaria”. Siempre está vuestro cliché comparativo con Tame Impala, pero ¿qué otras bandas nacionales os han influenciado fuertemente? Y, ¿con qué otras bandas nacionales o internacionales soñáis tocar?
Hay bandas jóvenes de nuestra escena que nos encantan como Bum Motion Club, con los que tenemos una influencia mutua. También nos gustan mucho Cora Yako. Y de internacionales, nos encanta Michael Kiwanuka, sería increíble tocar con él, y es de los conciertos que más guays que hemos visto. También Tame Impala, por supuesto, sería como el meme de los Spiderman que se señalan [risas].