El próximo sábado 7 de febrero encarriláis en La Riviera el final de la gira de Si Molesto, Os Vais (2024), probablemente el álbum que os ha confirmado frente al gran público. ¿Cuál crees que ha sido la clave de esa comunión público-banda?
El crecimiento del grupo ha sido muy exponencial. Si es verdad que este disco nos ha asentado gracias a temas como «Todos menos tú», «Juancarlista» o «Tu nombre es una puerta por cerrar». El primer disco lo presentamos en la Würlitzer, y ahora tocamos en La Riviera como consecuencia de ese crecimiento. Creo que este tercer disco ha sido más serio, iba muy de la mano del segundo. Pero me parece que la combinación de canciones sarcásticas con canciones más emocionales ha funcionado bien.
Estáis a las puertas de publicar el que será vuestro cuarto álbum, del que ya han visto la luz los adelantos “Rizo de gitana” y “Esto que vivimos”. Después de lograr un éxito exponencial con los tres anteriores. ¿Qué retos os habéis planteado en este trabajo?
Sobre todo, tratar de evolucionar musicalmente y en el aspecto de las letras. La fácil hubiera sido seguir haciendo letras sarcásticas y humorísticas, pero no queríamos hacer eso, queríamos nuevos retos y enfrentarnos a otro tipo de canciones y ver cómo funcionaba. Este cuarto disco tiene muchas más canciones escritas desde dentro, y es una incógnita cómo lo va a recibir la gente, y para nosotros es el mejor disco que hemos hecho.
¿Ya tenéis fecha de lanzamiento y nombre para el disco?
Si, saldrá el 24 de abril y se titulará Mitos y Leyendas.
¿Cómo afrontáis el concierto del sábado 7 de febrero en La Riviera y qué puede esperar el público de esta cita, enmarcada en la colaboración entre AIEnRuta e Inverfest?
Lo afrontamos con muchísima ilusión. Es el concierto más importante de nuestra vida. Nunca hubiésemos imaginado llenar La Riviera ni agotarla con dos meses de antelación. Ha sido una locura absoluta. Nos plateamos muchas opciones sobre si llevar colaboraciones o no. Pero vamos a hacer un concierto cuidado, cuidando la iluminación, los visuales, tocando todos los temas de Parquesvr que nos han llevado hasta aquí, pero sin abusar de colaboraciones y ese tipo de cosas. Como público a veces las colaboraciones en directo me restan a nivel de «canción», de las expectativas que tienes de vivirla en concierto.
Retrotrayéndonos a los orígenes. Venías de un sector completamente ajeno al de la música. ¿Cómo te decides a emprender una banda como Parquesvr?
Si, trabajé en producción en España Directo (TVE) hasta 2011. Y todo comienza porque tengo muchos amigos que se dedican al mundo de la música, y volviendo del Canela Party de 2017, varios me comentan que tienen ganas de tocar, pero no tienen proyecto, y les propongo juntarnos y hacer algo conmigo como cantante. No me tomaron muy en serio como cantante [risas], y al principio nos lo tomamos con mucha calma y mucha coña, como quedad semanal de amigos. Estuvimos todo 2017 y 2018 componiendo tranquilamente, sin prisa, y de ahí salió Talego Quini (2019). Los primeros temas que sacamos fueron «1992» y «Lance Amstrong», que fue un pelotazo inesperado. Y cuando vimos que a la gente le gustaba, nos empezamos a plantear tomárnoslo en serio, y hasta ahora.
¿Desde el comienzo tuviste claro que vuestra impronta, más allá de lo musical, iba a ser el tono crítico y satírico de las letras?
Al final escribo tal y como me relaciono y veo el mundo. Me gusta jugar con el cinismo y el sarcasmo, pero no solo eso. Al principio todo el mundo tiende a encasillarnos en ese lado, con bandas como Ojete Calor, que tienen temazos, pero considero que musicalmente somos muy distintos. No queríamos quedarnos en eso, y fuimos evolucionando, introduciendo cada vez más temas emocionales con cada disco, canciones más personales.
Vuestra música demuestra que la sátira no está reñida con la reivindicación y el compromiso social. ¿Faltan bandas reivindicativas o contestatarias? Hasta la década de los 2000 el rock y el rap eran los principales activos del discurso social, pero parece que las bandas han terminado optando por la tibieza.
Faltan bandas contestatarias porque el mundo no es contestatario. Lo que prima es el consumismo y el conservadurismo. Ahora mismo prima el «yo» frente al mundo, y el «yo» como producto.
También en lo musical vuestro espectro es de lo más variado: encontramos desde punk, hasta rumba, pasando por sonidos rockeros más alternativos o electrónica. ¿Cómo decidís la producción o la forma en que vais a vestir cada tema?
A veces partimos de una letra que he escrito, y que ya sé por donde tirar musicalmente, como por ejemplo ocurrió en «Muchas flores». Quería hacer algo del estilo de Los Chichos, aunque luego derivara en otra cosa por nuestras propias influencias y condiciones musicales. Luego también yo soy muy «culo inquieto», y me ha gustado jugar con muchos estilos distintos. Con algunos estilos no hemos acertado mucho [risas]. Pero este cuarto disco que vamos a lanzar es mucho más homogéneo. Santi [Nuñez, batería de Parquesvr] dice que nuestros discos son como un salpicón de marisco. Y en este si hemos pretendido seguir un estilo más concreto.
Cerráis una gira de salas que ha sido un rotundo éxito. Tú que además trabajas con las salas también como promotor, ¿qué papel juegan en el plano cultural de una ciudad y en el desarrollo de las bandas de la escena?
Me gustaría pensar que las salas son imprescindibles. Es verdad que cada vez el salto entre grupos pequeños masivos y grupos pequeños es mayor. A Bad Bunny o Rosalía no les cuesta nada llenar un estadio, pero meter cien personas en una sala cuesta mucho. Las salas han sido muy importantes para nosotros, e invito a todo el mundo a venir a vernos a las salas, que es donde nosotros realmente damos nuestros mejores conciertos.
¿A qué crees que se debe eso? Que el público este dispuesto a gastarse diez veces más en un festival o un macroconcierto que en una sala.
Porque nos han vendido el rollito de «la experiencia», el «hay que estar», el «a place to be». El tener que ir a los sitios para subirlo a redes, para que los demás vean que has estado. Un macroconcierto o un macrofestival se ha convertido en un evento social donde la gente quiere sentirse reconocida, sentir que tiene un estatus. Yendo a estos macroeventos demuestras, primero, que tienes la pasta, y en segundo, que has podido conseguir tu entrada, y el de enfrente no. Fardar, aunque luego no tengas nada más.
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