Antes de emprender tu carrera en solitario, acompañabas a Macaco como guitarrista. ¿Cuál fue la gran enseñanza musical que te llevaste de estos años como “escudero”?
Eso fue hace muchos años. Llevo desde 2016 viviendo exclusivamente de mis canciones. La gran enseñanza es que es un privilegio enorme tener un público que te sostenga y que te permita dedicar tu tiempo hacer canciones y a hacer música. He tenido que buscarme la vida mucho tiempo hasta llegar a este punto, así que he aprendido a valorarlo profundamente. Concretamente de la época que estuve con Macaco me llevo una gran familia. A día de hoy seguimos compartiendo mucha música.
¿Qué te empujó a querer empezar a publicar tu propia música?
Bueno, yo llevo haciendo canciones desde que tengo uso de razón, el proceso fue el contrario. Primero empecé a hacer canciones y conciertos, y después pude profesionalizar el oficio de músico para otros artistas. Así que el impulso original de todo esto fueron las canciones.
El pasado año publicaste tu quinto álbum de larga duración, Todo Este Caos (2025). Después de tantas canciones escritas, ¿cuál ha sido la gran inspiración para este álbum?
La curiosidad. Es cierto que después de tantos discos es difícil encontrar cosas de las que aún no hayas hablado. En este disco me he dado ese permiso. También el propio título, que apareció en mitad del proceso me dio mucha libertad. Ya sabes que un disco que se llame así no tiene por qué estar muy ordenado. Creo que es un disco en el que me he permitido lanzar más preguntas que respuestas. También me he permitido jugar con cacharros nuevos fuera de mi sonido habitual, como por ejemplo los sintetizadores de “Huye” o “En peligro de extinción”.
El próximo martes 30 de diciembre cierras la gira de presentación del disco en La Riviera, dentro del marco de Inverfest. ¿Qué podemos esperar de este concierto?
Seguramente sea un concierto muy emocional. Después de este concierto nos despedimos de los escenarios un ratito. El año que viene no haremos gira, así que seguramente que se nos caerá alguna lagrimilla. Ha sido una gira intensa. Casi 100 conciertos en 2 años y hemos pasado por 9 países. Una locura, la verdad.
Venimos de unos lustros de enarbolamiento de la bandera del “indie”, siendo más una etiqueta estilística que industrial/editorial. Tú si has autopublicado todos tus discos y eres un verdadero artista independiente, ¿cuáles han sido los grandes retos de esta decisión?
No lo he sentido como un reto sino más bien algo que era coherente con mi carácter. No me imagino dejando a alguien tomar decisiones creativas por mi. Siempre es bueno que otra gente te haga de espejo, pero en mi caso, me gusta que ese proceso ocurra en la intimidad. Para bien o para mal, tanto los aciertos como los errores de mi carrera son míos. Eso me permite también mirar con cariño las cagadillas que pueda haber. Me hacer reencontrarme con el yo del pasado.
“En peligro de extinción” es una de las canciones de tu último álbum que más ha cuajado entre el público. ¿Crees que estamos perdiendo esa pausa vital, ese cable a tierra, y por eso se abrazan con tanto ahínco mensajes como el de este tema?
A mi desde luego me da mucho gusto recibir ese auto mensaje cuando la canto. Estamos tan sobre estimulados, con la sensación de que estamos enterados de todo, cuando en realidad nos estamos perdiendo las cosas que pasan delante de nuestras narices. En cualquier caso, esa canción también es una oda a la amistad.
Has estado unas semanas de gira por Latinoamérica. ¿Cómo encajas el tener un público esperando tus conciertos a miles de kilómetros?
Nunca te acostumbras. Es demasiado. No solamente es que esté esperando. Es que en muchos casos se saben las canciones de «pe» a «pa» y te hacen sentir que has formado parte de sus vidas sin haberte dado cuenta. Además como vas cada más tiempo que a otros sitios, puedes notar como se han expandido las canciones de un viaje al siguiente. Es una pasada, me siento muy afortunado
Formando parte del cartel de la duodécima edición de Inverfest, ¿cómo de importante es que este tipo de festivales sigan apostando por las salas y por artistas con proyección?
Creo que hay que devolver la música a las salas, y en ese sentido Inverfest consigue crear un cartelón. Los festivales están bien, pero son un menú degustación. Poco tiempo de show, poca prueba, mucha prisa, varios escenarios sonando a la vez incluso. Creo que es en las salas donde se ve realmente al artista. Donde la comunicación es más real.
¿Qué otros conciertos de Inverfest 2026 recomendarías al público?
Hay un montón. No me los sé de memoria. Sé que están por ahí Los Antílopez que se despiden. A ese no puedo faltar. Sexy Zebras, Carlos Ares, Valeria Castro, Martina Valle Roso, Niños Bravos, O’Funk’illo. Es que está todo el mundo. Igualmente, lo que más recomendaría es que fuera a cualquiera que no les suene de nada. A conocer desde cero, sin expectativa. A mí es lo que más me gusta del mundo. Así he descubierto un montón de bandas.
En este 2025 se han cumplido 15 años desde la publicación de tu primer álbum en solitario, Biodramina (2010). Haciendo una especia de sándwich con la primera pregunta. ¿Cuál es la gran enseñanza que te llevas de estos 15 años de trayectoria?
Que nunca acabas de conocer del todo este oficio. Siempre te sorprende. Cuando has superado unos retos, aparecen otros. Siguen los nervios una hora antes de subir al escenario, sigue el miedo al folio en blanco, y las canciones siguen siendo un prisma a través del cual ver el mundo. También sigo creyendo en que la música más pura es la que se canta en la sobremesa.