Vuestro nombre, Flecha Valona, hace referencia a la clásica carrera ciclista belga. Tras años de trayectoria, ¿en qué punto de esa carrera de fondo musical sentís que os encontráis ahora mismo?
Podríamos decir que es un momento extraño. Utilizando el símil es como si estuviéramos subiendo un puerto de montaña de primera categoría y yo fuera un sprinter, por lo que dependes de otras cosas y de otros, que en este caso desconocemos, para que te ayuden en el pelotón a intentar ganar cada etapa. Traduciéndolo, en estos momentos parece que la música queda en un tercer plano o cuarto plano, y debería ser lo principal. La música es la excusa, pero se esta vendiendo otro tipo de cosas. No puedo controlar esos otros ítems aparentemente necesarios para llegar al lugar que quisiéramos todos, y que normalmente hubiera funcionado de manera tradicional. Es por ello que intento trabajar a pico y pala todos los días, pero en estas circunstancias que actualmente nos rodean es un ambiente bastante desagradecido, porque por mucho que hagas nunca es suficiente, siendo un proceso muy aleatorio donde todo el mundo esta intentando, a veces a cabezazos, descodificar ese algoritmo que lleva a donde quieres y quieren.
Habéis sido seleccionados para el circuito Girando Por Salas (GPS16). ¿Qué supone para un proyecto como Flecha Valona contar con este impulso para recorrer las salas de todo el país?
Es viento fresco que insuflar a los pulmones. Son esas sorpresas agradables que contrarrestan y balancean los picos en la gráfica de los estados de ánimos que nos toca vivir a los músicos, por ser eso, músicos.
El próximo 27 de marzo aterrizáis en El Sótano. ¿Qué tiene de especial este concierto para vosotros?
Me consta que en Madrid nos espera mucha gente. Ya tocamos varias veces en todo este tiempo y el público se va animando a seguirnos. Siempre que subes a la capital es una nueva confirmación, el termómetro del estado en el que esta el proyecto. Presentar además los temas nuevos que fueron saliendo como singles en los últimos meses («Nunca Más», «Peligro de Muerte» y «Seres Nostálgicos», entre otros) es algo de lo que tengo muchas ganas, porque existe una evolución en nuestra música, aunque no perdamos la esencia. Compartimos escenario esta vez con la gente de Zirconita y será algo especial. Hay muy buena onda con los que ya conozco, y fue por eso que les invitamos.
Vuestro último álbum, Los Días Pasarán, marcó un antes y un después al ser vuestro primer trabajo íntegramente en castellano. ¿Cómo ha recibido el público este cambio hacia canciones más directas y melódicas?
Abrumadoramente al público español le ha gustado el giro en cuanto a cantar en castellano, y yo personalmente estoy muy contento con el resultado. Con este nuevo paso no solo vendemos melodías y armonías, que no era poco, sino que mezclado con esta nueva lírica castellana pienso que se le da aún más credibilidad al proyecto, dado el mercado donde nos movemos. Soy muy trabajador de las letras porque se cierra el círculo si ya tienes, como anteriormente decía, una buena melodía y armonía, y entre otras cosas no quiero que nadie me señale por repetir un estribillo hasta la saciedad, en plan facilón, aunque esa quizás sea la mejor fórmula para aquellos que buscan el éxito. El concepto de música para mí difiere de ciertas tendencias, en cuanto a letras, y a las que si hay que respetarlas las respeto, pero el valor personal que tienen para mí son bastante pobres. De cualquier forma recomiendo oír completo nuestro “Running in a circle” porque cada vez que lo oigo me representa al 100% en lo que soy, y vocalmente hay cosas muy interesantes, además de notar esa evolución natural y la maduración del proyecto de Los Días Pasarán.
En temas recientes como «Seres Nostálgicos», producido por Íñigo Bregel (Los Estanques), se percibe una renovación sonora y un mensaje más contundente. ¿Es este el camino que marcará vuestro próximo material de estudio?
Pues sí, nuevas canciones y trabajar con un nuevo productor que se involucra, como el anterior también hizo, tiene como resultado que aparezcan nuevas sensaciones que definan nuevos caminos. En este caso los Hammonds y sintes están muy presentes y esas bases rítmicas, bajos incluidos, de la factoría cántabra “Bregel” se notan a la legua. Hay una manera distinta de trabajar y por supuesto influencias, que por mi parte las dejo aparecer, dándoles el protagonismo y la importancia que los productores tienen en las grabaciones, al menos conmigo. De Iñigo [Bregel] poco tengo que decir que no se sepa, virtuoso a mas no poder y uno de los mejores músicos, si no el mejor, de la escena nacional actual.
Habéis contado con músicos como las Dave Levita (Alanis Morristte) o José «Niño» Bruno (Andrés Calamaro, Leiva) en el estudio, y contaste con la colaboración de Vega en «Qué te puedo dar». ¿Cómo influyen estas alianzas en la identidad sonora de Flecha Valona?
Bueno, a ver, lo de Dave fue una sorpresa. Juan de Dios Martin había trabajado con él en Los Ángeles durante muchos años y dio un toque de calidad suprema, poniéndole la guinda al pastel de ese maravilloso disco que es para mí Los Días Pasarán. Fue una experiencia para Dave y para todos porque le dimos vía libre para que hiciera lo que quisiera en cada tema. Él no se lo creía. Fue capaz de cambiar la identidad de las canciones con sus arreglos, llevándolas a planetas inexplorados y jamás imaginados en mi cabeza. En la gran mayoría de los temas acertó y lo acogimos con gusto, no podíamos desperdiciarlo.
Con Niño Bruno le pusimos orden a las canciones rítmicamente porque va siempre en su sitio, nada de estridencias, apuesta segura, todo al rojo…[risas]. Dotó a los temas de esa calma que lo caracteriza si le conoces personalmente. La colaboración con Vega fue de las cosas mejores que me pasaron al editar Los Días Pasarán. Ella eligió “Qué te puedo dar” e infiltró su carácter a la interpretación y lo buena artista que es. Creo que es una canción muy ella. Fue muy generosa porque me lo dio todo, y por supuesto dejo su sello para siempre en mi música. Seguimos hablando de vez en cuando. Su experiencia para mi tiene un valor alto en todo este mundillo.
Viniendo de Jerez, una tierra con una raíz musical tan fuerte, ¿de qué manera se filtra esa «denominación de origen» en vuestra música?
Evidentemente es la esencia de todo esto. Si miras nuestra canción debut de Los Días Pasarán, «El Límite», entra por bulerías desde el minuto cero, y todo por estar tonteando con una guitarra flamenca que había por el estudio de Juan de Dios el día que andábamos grabándola. Trabajar con gente del norte es divertido para mí porque a poco que oyen una guitarra flamenca les suena tan exótica que acabamos grabándola y formando parte de la base del tema. Con Iñigo pasó igual en “Peligro de Muerte”, aunque ahí vaya por tangos.
Esto no lo he contado nunca, pero a la hora de interpretar me he preguntado muchas veces el porqué tengo que cantar con los ojos cerrados, poniendo los temas en la tesitura más alta a la que puedo llegar, haciendo muchos giros con la voz y darle muchísima importancia (casi obsesión) a cantar afinado, a pesar de las dificultades que a veces conlleva hacerlo en directo. La respuesta es que todo esto procede del flamenco, aunque muchos no sean capaces de captarlo. Con esto no me quiero montar en la modita a la que se suben muchos ahora, que de flamencos no han oído nada ni les ha interesado en la vida, y no hablo de nadie en particular. Además que cada uno haga lo que quiera, y el que se quiera dejar engañar así mismo es su problema. Yo lo llevo en la sangre al 50%, por lo que creo que no hay nada más que decir.
Para alguien que nunca ha visto a Flecha Valona sobre el escenario, ¿qué mensaje le enviaríais a vuestros seguidores para que no se pierdan esta cita el 27 de marzo en El Sótano y sigan apoyando la música en vivo en las salas de conciertos?
Pues que si quieren postureo que se vayan a otro sitio. Ahora si quieren la experiencia de sentir música de verdad, hecha desde el corazón, en vivo y en directo, sin dobleces ni mentiras, que se vengan, que no se van a arrepentir. Lo de apoyar la música en las salas es primordial para que todo esto continúe por el camino que siempre llevó y tantas alegrías nos ha dado desde que se inventó. Siempre diré que no hay mejor analgésico que la música a metro y medio de distancia. No hay nada mas sano ni efectivo, y en las salas de esto tienen toneladas para compartir.