Echando la vista atrás hacia Time We Spent Together (2004), en vuestro 25 aniversario. ¿Qué le queda por explorar a Exsonvaldes? ¿Sentís que Ninety Seconds to Midnight (2026) es un nuevo comienzo o más bien la culminación de todo lo que habéis aprendido?
¡Yo diría que un poco de ambas cosas! Es a la vez una especie de regreso a los orígenes, con estas canciones muy inspiradas en nuestras influencias comunes de los años 90 —las que nos hicieron amar la música y nos impulsaron a tocar juntos—, pero también un paso más en nuestra forma de componer música como grupo, más fluida y más directa. Es un disco que hemos escrito y grabado más rápido de lo habitual, sobre todo a raíz de nuestro encuentro con el sello V2. ¡Fue refrescante cambiar nuestra forma de trabajar!
El título de vuestro nuevo álbum, Ninety Seconds to Midnight (2026), hace referencia directa a la proximidad del fin del mundo según el Reloj del Juicio Final. ¿De qué manera ese sentimiento de urgencia y de «tiempo contado» ha moldeado las letras y la oscuridad de este nuevo trabajo?
Ya habíamos abordado este tema en nuestro álbum anterior, Maps (2023), pero está claro que la situación mundial (por desgracia) no va a mejor, y esa idea de un caos que se aproxima se nos impuso muy rápidamente. Sinceramente, no vemos de qué otra cosa podríamos hablar. Esa angustia siempre acaba imponiéndose de una forma u otra en las letras. Esta urgencia del mundo nos impulsó a tener una urgencia equivalente en la escritura de los textos, y también de la música. Y para contrarrestar ese lado quizá ansiogénico del tema general, nuestra música es más bien positiva y viene a equilibrar la melancolía de las letras, ¡proponiendo dos niveles de lectura! Siempre nos ha gustado que haya un fuerte contraste entre las letras y la música.
Se percibe en este disco un retorno a la energía explosiva de vuestros inicios, con guitarras mucho más crudas que beben de Nirvana o Weezer. ¿Buscabais recuperar esa distorsión de los años 90?
Más que la distorsión, queríamos recuperar la energía y la frescura de la música de esa década, que marcó nuestra adolescencia y nos hizo querer hacer música juntos. Volver a escuchar a Weezer o a Nirvana nos dio un nuevo impulso en la composición y nos hizo disfrutar mucho escribiendo, produciendo y tocando juntos, ¡lo cual creo que es la esencia de una banda! También hemos redescubierto muchas cosas en esas canciones de los 90, porque ya no las analizamos de la misma manera. Ahora prestamos más atención a las progresiones de acordes, a la armonía, a las letras, etc.
Para los fans españoles que os siguen desde hace años, esta fecha en Madrid parece una reunión familiar. ¿Cómo definiríais el magnetismo que esperáis proyectar en el escenario de El Sol el jueves 19 de marzo?
Siempre es un placer venir a tocar a España y especialmente a Madrid, donde se siente un fervor particular. Espero que, una vez más, el público madrileño nos transmita su alegría por venir a vernos en concierto, ¡lo que sin duda nos dará un extra de energía! Siempre es un momento intenso para nosotros cuando el público español canta «Cyclop», o incluso «L’aérotrain», ¡en francés!
En este concierto vais a presentar canciones de Maps (2023) junto a temas de Ninety Seconds to Midnight (2026). ¿Cómo conciliáis en directo la elegancia de vuestro álbum anterior con la fuerza de los nuevos títulos sin que resulte chocante?
Aunque los colores sonoros de Maps y Ninety Seconds to Midnight son un poco diferentes, en directo estos dos repertorios conviven muy bien, ya que permiten precisamente tener un concierto más variado y momentos de distinta intensidad, lo que hace que el conjunto del directo sea más rico y sorprendente para el público.
Habéis definido este álbum como el más directo y potente hasta la fecha. ¿Cómo ha evolucionado vuestra forma de trabajar en el estudio para que el sonido final capture esa «chispa» inmediata de vuestros ensayos sin que se pierda en el proceso de producción?
Hemos ido a lo esencial en cada tema, preguntándonos en cada ocasión qué constituía la esencia de la canción para centrarnos en ello y acumular menos capas de producción. También cambiamos de estudio para las tomas de batería, bajo y guitarras con la voluntad de conseguir un sonido más de directo en la grabación. Nuestro bajista, Quentin, ha participado mucho en la producción con nosotros y nos ha ayudado mucho a encontrar esa inmediatez.
Compartir cartel con RIPOLL une vuestra experiencia con la frescura. ¿Qué es lo que más os atrae de la nueva escena indie española y de este tipo de propuestas?
Nos gusta mucho la música de RIPOLL y tenemos muchas ganas de compartir escenario con ellos. Su tema «Septiembre», con Olaya de Axolotes Mexicanos, es genial. De tanto girar por España, escuchamos bastante música española; hay una escena indie muy dinámica desde hace tiempo: Mourn, Carolina Durante, The Crab Apples, Marta Knight, Hinds… Y, por supuesto, siempre que podemos tocamos nuestros temas en directo con Helena Miquel.
Después de tantos años visitándonos, ¿qué tiene de especial para vosotros volver precisamente a una sala como El Sol en Madrid?
Es una sensación bastante increíble pensar que, 15 años después de nuestros primeros conciertos en España, el público sigue ahí e incluso es cada vez más numeroso. Sabemos que El Sol es una sala «mítica» en Madrid, así que es un verdadero honor poder tocar allí de nuevo. ¡Tenemos muchas ganas de reencontrarnos con nuestro público madrileño!