Llegaste a Madrid con apenas diecisiete años impulsada por tu pasión por el piano y con el objetivo de profesionalizarte. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros años abriéndote camino y descubriendo el circuito de salas madrileño?
Recuerdo muchísimo movimiento de música en directo. Jam sessions en La Boca del Lobo, la sala Barco, Soul Station… Varias salas ya han desaparecido, desgraciadamente, y han sido devoradas por alguna cadena de comida take away. Lo recuerdo con cierta nostalgia, y con miedo de que lugares que elevan y apoyan el ecosistema de una profesión tan necesitada de oportunidades terminen desapareciendo. Por otro lado siento que hoy vuelve a despertar un poquito la ciudad en ese sentido, gracias a iniciativas como los micros abiertos Open Folk o La Juntada. Es muy necesario que los músicos tengamos lugares de encuentro y que se nos escuche en directo, que es donde realmente ocurren cosas, muchas más que en los stories y en los reels.
Durante esa etapa te sumergiste en la escena local acompañando a diferentes artistas del ámbito del blues. ¿De qué manera crees que esta experiencia forjó tu identidad como instrumentista y tu forma de entender la música desde la emoción?
Aprendí mucho de ese lenguaje con el piano, tocando en jams y en algunos grupos con muy buenos músicos que controlaban perfecto estos estilos. Creo que inevitablemente puede notarse en mi manera de expresarme con el instrumento. Cuando tengo tiempo y noto que me he enfriado tocando, de manera natural recurro al blues y al soul para volver a acercarme al piano. También he asumido que suelo tirar mucho de instinto en el escenario, cambiando mis melodías, alargando alguna estructura solo por quedarme un ratito más en ella… No me da miedo dejar algunos momentos en manos de la improvisación, a riesgo de lo que ocurra. Soy más de eso que de encorsetar el repertorio en una estructura más controlada. Para eso ya está el disco.
A principios de 2025 lanzaste tu disco debut, Tiempo al tiempo, y tomaste la valiente decisión de publicarlo de golpe, sin singles previos. ¿Por qué era tan importante para ti que el público escuchara estas doce canciones como un todo narrativo?
Bueno, creo que lo hice pensando en quitarle importancia a las fórmulas de lanzamiento para dársela al trabajo que tenía. Había que tirarse a la piscina y al no estar atada a ningún plan, era libre de hacerlo a mi manera. Me hizo gracia eso de sacarlo un Blue Monday, y bueno, lo de publicarlo entero fue porque para mí no había un single claro. Prefería salir con las doce canciones, ya que además no tenía presupuesto ni para videoclips ni para historias. Además, en él hay una intro y una outro y mi intención era intentar que se comprendiera como lo que es, un disco de doce temas, no cuatro singles sueltos. Confirmamos que no tengo ni puñetera idea de marketing ni estrategias, y no tengo la suerte de que me interese mucho.
El próximo miércoles 11 de marzo estarás presentando este disco en directo en el Café La Palma, dentro del ciclo Mujeres en Vivo 2026, organizado por Madrid en Vivo con la colaboración de la Comunidad de Madrid. ¿Qué puede esperar el público de este concierto?
Tengo la enorme fortuna de haberme encontrado con Charlie Bautista, que es de los músicos más completos si no el que más he conocido nunca. Hemos montado con muchas horas de ensayo un formato con dos teclados, dos guitarras y básicamente una nave espacial llena de cacharros con la que intentamos hacer despegar tiempo al tiempo de una manera distinta al disco. Para nosotros, en el directo está la oportunidad de darles nuevas vidas a las canciones, respetando siempre su identidad, claro. Digamos que no nos atamos a lo que ya está hecho, y le hemos dado una vuelta para divertirnos y hacer algo que primeramente nos emocione a nosotros para así tratar de conectar con el público.
El álbum refleja tu despertar artístico, pero también un proceso vital atravesando emociones complejas. A nivel compositivo, ¿cuál fue el mayor reto a la hora de transformar esa etapa de transformación personal en canciones?
Fue muy natural. Por aquel entonces para mí la posibilidad de hacer un disco era algo súper lejano, hasta que me di cuenta de que tenía un número de canciones suficientes para dar el paso. Estas canciones las hice atendiendo a una necesidad creativa que quise escuchar en un momento de caos mental. Nunca olvido desde entonces el valor tan grande que tiene la expresión artística para los momentos complejos con lo emocional. Te salva el pellejo.
Para dar forma a este trabajo contaste con la producción de Ricky Falkner, logrando un sonido muy orgánico y elegante que transita entre el pop rock, el folk y tus raíces blueseras. ¿Cómo fue trabajar mano a mano con él desde esa filosofía de paciencia y respeto por el tiempo del proceso creativo?
Pues básicamente como viajar en primera después de haber tirado bastante de metro y autobús [risas]. Todo rodado, fácil, amable, divertido y emocionante. Ricky tiene un talento que a estas alturas no tengo que explicar. Entendió perfecto las canciones, y siempre digo que sabe comprender lo que quieres cuando aún tú no sabes explicarlo. Me siento ultra afortunada, y aprendí muchísimo con él.
Durante todo el mes de marzo estamos celebrando la séptima edición de Mujeres en Vivo, impulsado por Madrid en Vivo. ¿Qué significa para ti formar parte de esta programación que reivindica y pone el foco en el talento femenino patente en nuestra escena?
Evidentemente agradezco que existan estos ciclos, aunque con una sensación agridulce ya que esto significa que aún es necesario poner el foco en las mujeres. Cuando empecé en Madrid apenas coincidía con chicas en esas jams. Ahora voy a un micro abierto y al fin tengo que dejar de echar de menos la presencia de las mujeres, porque esto está lleno de talento, canciones increíbles e instrumentistas acojonantes. Hay muchas, muchísimas músicas que no se prodigan tanto en las redes y que descubres yendo a estos espacios. Por nombrar a algunas: Carolina Donati, Marina Paredes, Mamen Martínez, Carmen Aciar o Marina Arceiz.
Desde tus inicios como pianista e instrumentista de sesión hasta ahora, liderando tu propio proyecto musical, ¿cómo has percibido la evolución del papel y el reconocimiento de las creadoras e instrumentistas en la escena?
La evolución es inevitable: el talento, la sensibilidad y el compromiso artístico caen por su propio peso. Gracias a las mujeres que han alzado y siguen alzando la voz a pesar de la hostilidad de los entornos, ahora podemos ocupar nuestros espacios. Aún así, la responsabilidad de equilibrar el foco recae sobre todo en la industria, en los hombres que la ocupan que, aunque despacio y tarde, ya van aprendiendo a actuar con inteligencia.
¿Qué otros conciertos de Mujeres en Vivo 2026 recomendarías al público?
Recomendaría el concierto de Bambikina en la Moby Dick este jueves 12, a Celia Carballo en el Intruso el 19, a Marilia Monzón en el Peor Para el Sol el viernes 27, y también a todas las propuestas que desconozco y que, como digo, tengo la fortuna de poder descubrir en las salas gracias a este ciclo.
Animo al público a ir a ciegas a las salas, como se hacía antes… Creo que es importante replantearnos el papel de las redes a la hora de enriquecernos culturalmente, porque las plataformas no son altavoz para las artistas que no cuentan con gran número de seguidores, sin embargo, las salas sí que son altavoz de su talento. Pero necesitamos inquietud y curiosidad por parte del público y de la industria. Parece que cada vez se compran menos entradas de sala y toda la escucha e inversión se concentra en los estadios y en los grandes festivales. Así no vamos a ningún lado. Nos perdemos muchísimo si nos limitamos a lo que vemos en Instagram.
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